Mensaje de Cupido a Psique.

“Y hay estaba ella, fantaseaba pensando que ella estaba esperando por alguien como yo, alguien que le dijera lo hermosa que se veía a la luz de mi mirada, la ilusión que era para mis ojos, el anhelo que representaba para mi ser, me caracterizo por ser iluso – lo reconozco – iluso porque la existencia es propia del conocimiento, que conocimiento puede haber entre dos entes que no se reconocen, ella existe para mi, pero dudo que mi tenue realidad aparezca en el espectro de ella. ¿Cuantas miradas habrá cautivado?, ¿A cuantos tendrá hipnotizados?, en fin…, daría un palpito de mi alma sí me reconociera por un instante, donaría un baño de mis esperanzas con la intención de incendiar esa chispa de vida, única como nuestros sentimientos, esa ley sin teoría, esa respuesta sin pregunta, esa fe sin Dios, la singularidad de nuestros universos, un hecho tan único como nuestro ADN, el motor de nuestras voluntades, las fantasías de nuestras aficiones, tan antigua como la misma vida, tan única como nosotros mismos, la magia unificadora de dos almas, la química entre dos seres.

Cada día, cada instante, mis ojos la buscan permanentemente, anhelando atravesar su rostro, con la ilusión de que ocurra ese milagro, la observo esperando que su espejismo se pierda en mi reflejo. Esperaría que su bello rostro eclipsara todo mi cielo, que mi noche oscura se resplandeciera, que sus ojos color cafe me atravesaran, que mis decepciones se esfumaran.

Cuando experimento su aura, mi corazón lanza una ráfaga de sensaciones, mi mente una espiral de ilusiones, su presencia es celestial, así se debe sentir cuando se esta entre los ángeles. La magia de su calidez me inmoviliza, su brisa me bloquea, el aire de sus lizos rizos estropea mis movimientos, el aurisma de los débiles, la inercia de los tontos, reconozco que percibo en su ser el paraíso, en su fragancia un mar de emociones; las flores pronuncian su aroma, aroma a mujercita, aroma a ángel, aroma a única, aroma a ella.

Desde hace días no he dejado de pensarla, de buscarla en mis sueños, en mis deseos, en mis anhelos. Su mirada es inquietante, pero nada comparado con su sonrisa, que hermosa sonrisa: el milagro de la vida, la eterna libertad, la suma de todas mis alegrías, un verdadero pecado capital, creo sentirme pecador.

Su falta se me ha vuelto una enfermedad, me he sentido enfermo, revelo algunos síntomas: asalto de su imagen en mis pensamientos, fatiga de mis palabras por recitar su aura, ansiedad por escuchar sus labios pronunciar mi nombre, deseo por percibir sus manos acariciar mi alma, delirio nocturno.

Hace algunos días fui al médico, el cuadro clínico no podría ser peor: falta de perturbación sonora celestial en la cavidad ventricular derecha de mi alma, entre las recomendaciones del especialista se encuentra: una dosis diaria de calidez emocional proporcionada por este ángel.

Quisiera gritarle en silencio y hacerle saber a este hermoso querubín, que su céfiro es vital, su asistir produce cosquilleos, un leve suspiro de ella funde mi malestar – ¡me siento vivo! – que por favor continué con ese carisma, con esa calidad de damita que la identifica; esperaría que siempre estuviera hay, para mi, esperando por mi. Les confieso, me he vuelto a encaprichar, todo gracias a ella, he vuelto a encontrar en ella, en Psique obviamente, el norte de mi existencia”.

Cordialmente;

Cupido.

Posdata: Psique desconoce el mensaje, nunca llego a saber de su existencia.

Confeccionado pensando en ella, Ariadna, custodia de mi encuentro casual y expedito entre la necesidad de sentirme vivo y la rapidez en que se manifestó.

Salokin Serrot

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